jueves, 7 de octubre de 2010

Conciliación entre el trabajo y la familia:¿utopía o condición para una mayor eficiencia?


Hace unas semanas, buscando material vinculado con la RSC y las reputación de las organizaciones en su trato con el entorno me encontre con el Informe “Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social” de la OIT - PNUD. una descripción breve nos me inclinará a decir que , según el relevamiento en los países de América Latina una gran mayoría de los hogares están liderados por una mujer; o bien cuentan con ingresos provenientes de ambos progenitores ¿Qué lectura podemos hacer de este fenómeno? En una primera aproximación podemos postular que en los últimos 20 años se produjo un significativo cambio en el modelo de familia tipo encabezada por un padre que salía a trabajar y una madre que se quedaba en su casa cumpliendo funciones domésticas y de cuidado de los hijos.


Se transformó el modelo o paradigma imperante que servía como pilar para la organización de tres ámbitos diferentes para concurrentes: el Hogar, el mercado laboral y El Estado.

Quizás un dato significativo es que el informe sirve como disparador para cuestionarnos acerca de la necesidad de que los países reconozcan las transformaciones ocurridas. Transformaciones que implican evidenciar la masiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo; el surgimiento de nuevas formas de empleo, sobre las cuales podemos evidenciar un vacio regulatorio; y el exceso de tareas que hoy recaen sobre las familias de menores ingresos.



Cabria cuestionarnos, entonces, si es realmente posible conciliar vida personal y laboral. La mayor participación de las mujeres en el mercado laboral es una tendencia creciente de las últimas décadas. Según datos del INDEC, durante los años 90 la tasa de actividad femenina en nuestro país creció un 13% y continúa en ascenso: entre el año 2000 y el año 2006 aumentó del 43,4% al 48,6%, mientras que la tasa masculina se mantiene prácticamente constante: pasó del 71,7% al 72,7%. De tal manera y en concordancia con lo que sostienen Carina Lupica y Gisell Cogliandro, que se puede observar un escenario en el cual la mayoría de las mujeres de 14 a 49 años de edad trabaja o busca trabajo: seis de cada diez mujeres en edad fértil participan del mercado laboral –cinco se encuentran ocupadas y una está desocupada–.


Un detalle que revela las disparidades de género en el mercado laboral se puede constatar en que si bien se experimenta un cambio en la participación de mujeres y hombres en el mercado de trabajo, lo cual genera como consecuencia que exista un creciente número de hogares con doble ingresos, no se observa un correlato en la organización del trabajo. Las organizaciones se nutren de una estructura, diseño y cultura. Parte de esta construcción cultural que realizan las organizaciones es la existencia de mitos, ritos y paradigmas. Uno de los paradigmas instalados en el mercado laboral es la creencia que le corresponde a la mujer la responsabilidad exclusiva de las tareas de cuidado del hogar. Esto comporta colocar a las mujeres en categoría de trabajador anormal o en las palabras de Lais Abramo, “trabajador anómalo”. Esta categoría implica ubicar y clasificar al hombre como trabajador normal.

Tomando nuevamente las palabras de Abramo y Todazo: “Este paradigma de “trabajador normal” es parcial y disociado, ya que supone que la persona carece de una vida personal de la que preocuparse fuera del trabajo remunerado y que, por ende, tiene una disposición total para éste y ninguna posibilidad ni necesidad de realizar cualquier tipo de actividad o tarea en el ámbito de la familia”.



Cabe destacar que la Cepal–Comisión Económica para América Latina y el Caribe– plantea como una de las alternativas estatales posibles el diseño de políticas sociales que consideren las necesidades de las nuevas organizaciones familiares y liberen a las mujeres de su rol “exclusivo” de cuidadoras del hogar y sus miembros. Esto implica rediseñar aspectos claves de las organizaciones para ser receptivos a estas nuevas necesidades. Cambios que comportan la participación activa de todos los actores. Uno de ellos es el sector sindical. Si bien la función que poseen estas organizaciones es la defensa y representación de los derechos de los trabajadores, en materia de conciliación los avances son limitados.



Por otra parte la empresa deberá poner en cuestionamiento sus paradigmas en términos de objetivos y valores. Si la función empresaria comporta proyectar una estrategia de largo plazo, pensar en el cómo hacer y qué incidencia tendrán esos trabajadores que sienten o perciben. Vale decir que su organización es receptiva y toma como un issue de importancia que su público interno trabaje en un clima laboral que reconoce las necesidades personales de varones y mujeres. Jan Carlzon menciona la noción de los momentos de la verdad, haciendo referencia a esos tiempos que la organización tiene para lograr conquistar y seducir al destinatario de sus productos o servicios. Cabria preguntarnos por la conveniencia de invertir tiempo y recursos económicos para sendas campañas de promoción y publicidad y obviar a la persona que será la encargada de tener ese momento de la verdad, para el cual tanto se ha trabajado.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Portabilidad numérica, un derecho de tercera generación


Analizar la Portabilidad numérica implica cuestionar los aspectos vinculados con los derechos de tercera generación. Esta categoría de derechos tiene su origen en la década de 1980, cuando se comienzan a establecer como condiciones necesarias para la vida plena de los ciudadanos otro tipo de necesidades concretas. Surgen, pues las preocupaciones por la solidaridad, es decir el derecho a vivir en una sociedad en paz o al vivir en un entorno medioambiental sano. Se añaden el acceso a los avances de la ciencia y tecnología y la defensa de los derechos de los consumidores. Las pautas éticas y la responsabilidad social empresaria son notas características de esta nueva generación de derechos. Las empresas deben cumplir con pautas éticas y sociales a la hora de satisfacer sus objetivos económicos y financieros.


En este contexto es que inscribimos esta nueva realidad que atraviesa nuestro país. Por un lado encontramos las empresas que debido a este nuevo escenario, deberán replantear su estrategia de acercamiento y seducción para con los clientes: por otro los consumidores que verán aumentado su poder de elección y flexibilidad. El Estado deberá establecer las reglas claras para evitar que este nuevo sistema que propugna mas libertad de elección, sea cumplido de forma acabada.


No nos encontramos sólo ante un aspecto vinculado con un servicio de telefonía: nos encontramos ante un debate que comprende la forma en que nos comunicaremos en los próximos diez años. El Dr. Roberto Igarza menciona que las estrategias de marketing vinculadas a publicidad y marketing de consumo estaban cambiando: Por primera vez en la historia del marketing el consumidor esta dispuesto a llevar consigo un instrumento que considera clave para su vida social. La alusión se confirma al pensar que muchos de los esfuerzos que realiza la publicidad son para que le prestemos nuestra atención. Con el teléfono móvil nosotros llevamos nuestros detalles personales de consumo y nuestra definición de segmento. Desde el año 2007, el servicio púbico de pasajeros de la Comunidad de Madrid dispone de servicio libre y gratuito de Bluetooth y Wifi. Este dato no seria de relevancia si no le sumamos que las empresas que se encuentran emplazadas en las calles por las cuales transita el ómnibus han dispuesto de computadoras personales que emiten mensajes comerciales vía bluetooth al segmento de pasajeros que pueden ser potenciales clientes a costo cero.

Con independencia del detalle anecdótico, lo destacable es el surgimiento de un nuevo espacio que no posee legislación. Los artículos 18 y 19 de la Constitución Nacional definieron las líneas centrales de los derechos de individuales. Esa letra, actualizada por la ley de defensa del consumidor (en su versión original y la modificación), no alcanza a abarcar la totalidad del nuevo fenómeno. La tarea de conciliar los intereses de lo particulares es la tarea del Estado, aún hoy la ley espera la sanción definitiva.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Podemos hablar de una ética del capitalismo?



Capitalismo y ética no son términos opuestos, ya que el primero persigue la prosecución de riqueza y bienestar pero no a cualquier costo, vale decir debe anclarse en un concepción moral para poder cumplir cabalmente con su finalidad. Sin embargo dado que el capitalismo se ha visto sometido a fuertes críticas por no poner la economía al servicio sino lo contrario, es el hombre una pieza más del engranaje productivo que parecería sustentarse en el mero lucro. De lo que sí podemos hablar es de éticas transformadoras del capitalismo. Estas reflexiones parten de la lectura la Ética de la empresa de Adela Cortina, filósofa contemporanea que explora el campo de la ética discursiva.




El capitalismo, en sus orígenes se apoyó tanto en el espíritu de empresa como en el del burgués. Con estos dos pilares se sostenía la noción ética del capitalismo. Valores como el afán de lucro, la prudencia, la ponderación racional, el orden, el ahorro, la austeridad, la eutrapelia, junto con una moral de los negocios, constituían el sustento funcional.

Se crea –entonces- un estilo de vida y un nuevo sujeto económico: el empresario burgués. Empresario que debe realizar su tarea ajustado a ciertos valores y límites cívicos y religiosos. Es decir el individuo tenía que preocuparse por la conducta de la comunidad. De esta manera el sistema valorativo funcionaba como base del orden social y servía para movilizar a la comunidad y reforzar la disciplina. El trabajo se transformaba, así, en un cimiento moral de la sociedad.

Adam Smith añadiría el concepto del interés individual como motor del progreso. La llamada mano invisible, según la cual cada uno - buscando su propio bienestar – genera el beneficio del conjunto. Sin embargo, como pensador formado en la filosofía moral sabía que debía completar esta idea con la necesidad de contar con controles para así evitar los desajustes del sistema: esta mano invisible, si bien propugna una autorregulación del mercado no excluye la función estatal, sino que por el contrario éste deberá concentrarse en proteger a cada miembro de la injusticia y la opresión por medido de una adecuada legislación y una fiable e imparcial administración de justicia. Tal y como vemos no hay colisión con la ética ya que se reconocen limites al interés individual, ya que sin estos limites – que para Smith se apoyan en los sentimientos naturales – se perturban las relaciones sociales.

Jeremías Bentham y John Stuart Mill aportan una nueva mirada al capitalismo conocida como utilitarismo. Su noción fundamenta racionalmente normas desde un principio ético universal y pragmático de la acción.

Este principio utilitarista busca lograr una conexión entre racionalidad, hedonismo y universalidad. Sin embargo, se apoya en la defensa de los intereses de la mayoría como criterio moral, lo cual puede resultar desigual e injusto para las minorías.

Me detengo en la postura del John Rawls ya que aporta la noción de la ética de la justica económica. La preocupación intelectual del autor es responder cómo se distribuyen los derechos y deberes en las instituciones sociales y de qué manera pueden conseguirse el máximo de ventajas para la cooperación social. Ya no se trata de combinar racionalidad con utilidad sino que la maximización debe incluir al todo social, ya que allí donde no se den las condiciones de equidad, no habrá justicia. De allí que la justicia sea enunciada de esta manera: “Todos los valores sociales deben distribuirse igualitariamente a menos que una distribución desigual de alguno o de todos de estos valores sea ventajosa para todos”. De tal manera que se permite comprender las desigualdades del sistema en función de que estas beneficien a los menos aventajados, respetando las libertades básicas y la igualdad de oportunidades.

Peter Koslowski plantea la idea de la coordinación del mercado, es decir el capitalismo posee una ética que se justifica en la verdadera naturaleza de las cosas, es decir la economía debe servir a la autorrealización del hombre. Por lo tanto el capitalismo necesita de una ética, entre otras cosas, para regular el gran espacio de libertad que existe en el mercado. Ante esta libertad, los valores morales cumplen una función centralmente instrumental: reducen los costos de transacción, compensan los fallos de mercado, favorecen la integración social y contribuyen a hacer a la economía más eficiente.

Téngase por caso que si debemos certificar un contrato con un proveedor ante escribano, cada vez que se fije una modificación en las tarifas o tasa de interés ante el temor de que -al no hacerlo así - nos veremos afectados en nuestra empresa, esto generará una enorme ineficiencia en la economía a nivel general, transformándola en poco competitiva. Por lo tanto la ética capitalista, para esta postura, es una conjunción entre eficiencia en la coordinación, libertad y justicia distributiva.

En resumen, es posible, considero y además necesario hablar de una ética del capitalismo, si lo que pretendemos es la perfección del hombre. No podemos olvidar que el espíritu de progreso y empresa nacen de esta lógica, según la cual las empresas asignan los recursos útiles y escasos para la satisfacción de necesidades, respetando el orden social, ya que de otra manera atenta con su propia finalidad. Creo -por último - que la función estatal es central a la hora de fijar reglas de juego desde lo normativo para evitar los excesos en la búsqueda del interés individual. Por otra parte es necesaria una ética del capitalismo para asegurar su supervivencia, una ética que respete la autonomía de los ciudadanos y que vean en el capitalismo un medio para cumplir con su proyecto de vida.

miércoles, 25 de agosto de 2010

A entornos cambiantes, habilidades cambiantes

Hace un tiempo que empecé a redefinir mi carrera. No porque no me haya gustado lo que mi vocación me indico como camino de vida, sino porque hay ciertos momentos en que nos replanteamos si lo que hacemos nos da el placer suficiente para todos los días continuar con nuestra tarea. En definitiva la pregunta, un poco filosófica y transicional, me conducía a preguntarme por el nuevo tipo de perfil profesional.
¿Qué tipo de habilidades serán necesarias para los próximos 10 o 15 años? En una época donde el trabajo cada vez mas se esta transformando en una actitud mucho mas que un lugar especifico, ¿qué características tendrá ese nuevo puesto laboral? Y quizás lo más importante ¿Cómo nos adaptaremos a estos cambios los que debemos conducir personas?

Hace un tiempo que soy docente en la Untref virtual y allí dicto la materia Cultura comunicación y conflicto en las organizaciones y lo que más me llama la atención son los temas vinculados con las emociones que experimentamos los seres humanos ante los cambios en los ámbitos en que nos desenvolvemos. Precisamente por esto es que vinculo la realidad del nuevo trabajo con los conflictos que ocasionan las modificaciones en nuestros paradigmas existenciales.

Este video ayuda a comprender más gráficamente el nuevo escenario.


jueves, 19 de agosto de 2010

Crisis públicas via prezi

Con motivo de una curso de capacitación que dicte hace algunos meses, repasé algunas ideas sobre manejo de crisis públicas. Para hacerlo mas puntual lo expresé via Prezi. Me pareció interesante compartirlo.

jueves, 5 de agosto de 2010

Construyendo liderazgos extraordinarios



Reconocerse como líder extraordinario no es un reto sencillo, mas allá de autoconocerse comporta el tomar las decisiones y actuar con responsabilidad y honor. Esa idea todavía me sigue generando pensamientos. Parecen pautas sencillas de seguir: hacer lo que se debe tiene un efecto tranquilizador sobre nuestra consciencia. Personalmente tengo la responsabilidad de conducir a más de cien personas y tengo la sensación, cuando debo tomar decisiones difíciles que pueden afectar a otros, que me encuentro solo. Recuerdo que Catalina la Grande mencionaba que ante la muerte y las decisiones, todos estamos solos. Esta noción siempre ronda mi cabeza porque decidir implica vulnerar un interés. Lo que reconforta, luego de pasar por esta situación es, sentirse bien con uno mismo. No es posible superar el juicio de la propia conciencia si conseguimos hacemos las cosas sin ser conscientes de nuestras responsabilidades.

Ante una determinada circunstancia siempre tenemos un margen de libertar para decidir y emitir nuestra respuesta, la cual ocasionará un determinado resultado. Repensar estas ideas detenidamente, implica preguntarse por la manera de encarar los problemas. Tengo la oportunidad de dictar cursos sobre manejo de crisis públicas y una de las primeras consignas, al presentar los casos, es interrogar sobre la forma de interpretar los hechos. Así como sea nuestro modelo mental, así será nuestra interpretación de la realidad y por lo tanto emitiremos juicios o respuestas que generarán consecuencias. Consecuencias tanto para los demás, como para nosotros mismo. Nuestras decisiones modifican la realidad y nos modifican como personas. Constantemente estamos inmersos en un mundo interpretativo donde nos formamos percepciones de cosas que conocemos en mayor o menor medida. Esa interpretación no sólo es racional sino que juegan un importante rol nuestras emociones. Tal como menciona Goleman, la memoria emocional es anterior a la memoria racional. Por lo tanto ante una determinada circunstancia, las emociones corren como un torrente caudaloso y muchas veces hacen precipitar nuestras respuestas. Es allí donde todas nuestras capacidades de conocernos deben entrar en juego. Poder abstraernos de los hechos, no es una tarea sencilla, sin embargo es fundamental para juzgar adecuadamente la realidad, primer paso – necesario - para tomar una decisión.

Soy un convencido que un liderazgo extraordinario debe reconocer al otro en su condición de persona. Esta afirmación que roza lo obvio, deja de serlo a contrastar el trato que muchas organizaciones dan a su capital humano. Durante mucho tiempo este concepto de capital humano fue un vocablo polisémico. Oficina del personal, administración de personal, recursos humanos, y otros tantos términos, dejaban entrever que la persona era considerada una pieza más del engranaje. Basta con recordar el fragmento inicial de la película Tiempos Modernos de Charles Chaplin, para reparar en la analogía que se expone entre el personal y un rebaño de ovejas. No importaba tanto como se llamara o como trabajara, es suficiente con saber que lo hacía. En la medida que fueron cambiando los paradigmas organizacionales, mayor es el peso del factor humano en comparación con el hardware. En la actualidad, donde hablamos de un paradigma comunicativo, el valor de la persona es central. Su experiencia, empatía, carisma y demás atributos personales, construyen de cada persona una marca en sí misma. Por lo tanto es necesario un liderazgo que reconozca esta realidad, que respete el carácter plenamente humano y que tenga presente que quienes nos siguen, estarán pendientes de aquello que hagamos y de cómo lo hagamos. De allí que sea clave la inspiración. El peso de la carga ya no está en los que nos siguen sino en los que lideran, que deben estar a la altura de esa responsabilidad, generando un liderazgo extraordinario de manera constante. Creo, por último, que no se ejerce el liderazgo, sino que se vive el liderazgo y sólo haciéndolo en articulación con nuestros atributos personales estaremos en condiciones de vivirlo de forma plena.

viernes, 23 de abril de 2010

Vacunas para la comunicación


No son pocas las oportunidades donde me encuentro con algunos funcionarios de variada jerarquia y me consultan sobre las dos o tres cosas que se deben hacer y no hacer a la hora de enfrentar a un periodista.


Por lo general la consigna que les ofrezco es poder entablar una relación previa a los sucesos que permita que los conozca, sepan de su trayectoria y reputación, de modo tal de convertirse en fuente de información permanente.


Si esto no es posible, es decir, nos consultan esponteamente por un tema puntual, les recomiendo entender cual es juego que nos propone nuestro interlocutor: ¿de qué tipo de programa se trata?, ¿qué perfil tienen los periodistas? ¿a qué público se dirigen? ¿qué información esperan de nosotros? En fin conocer de que se trata.


Por último, y no por ello menos importante, mantener la calma. No estamos frente a un tribunal ni una corte marcial de las que vemos en las pelíuclas. Sinceramente quieren información de nosotros y podemos poner límites si la forma en que nos interrogan contiene faltas básicas al respeto.


Ahora bien, parece sencillo, pero no lo es. Fijense en este ejemplo de un funcionario público que en lugar de brindar información, utilizó el valioso tiempo ofecido para defenderse de cosas de las que nunca fue acusado. Por si fuera poco, enfrente tenia al Sr. Samuel Chiche Gelblung que logró encolerizarse no por el tema de la falta de vacunas contra la Gripe A en Concepción del Uruguay, sino por la ausencia de capacidad del funcionario para resolver la situación.


Uan vez mas me remito a las ideas de Paul Watzlawick de que todo comunica aún cuando nos proponemos no hacerlo. El punto clave es como lograr que un mensaje llegue a los destinatarios con la misma intención que le dio el emisor, al iniciar el proceso de comunicación.



http://audioblogs.cienradios.com.ar/chiche/archives/2010/04/leguiza.html